| 1. El Encuentro |
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Era una noche gris, bañada por la tenue luz de una luna casi a punto de fallecer, el aire se sentía pesado, mis zapatos se arrastraban por los andenes de concreto, creando una melodía un poco ronca, pero al mismo tiempo uniforme y encantadora, las calles estaban vacías, y las casas se veían todas de un mismo color, mire a un lado, pero solo encontré soledad a mi alrededor, mientras pensaba en lo malo que había sido el día de hoy. Decidí parar en un parque donde un pequeño cauce se escuchaba a lo lejos, y parecía que la vida se detenía por unos instantes, allí donde todos queremos estar en algún momento antes de seguir con nuestro rumbo, o mirar atrás y recoger nuestros pasos. Pero no quería seguir adelante, algo no me dejaba continuar, y mucho menos retroceder, así que tome la única salida que me quedaba. hallé una banca, solitaria y apartada de las demás, en la cual decidí descansar por un rato, aunque llevaba puesto mi abrigo, parecía que en lugar de darme algo de calor me lo quitara, introduje mis manos en los bolsillos, ya que se me dificultaba mover los dedos. Al pasar unos 30 minutos de profunda reflexión, decidí continuar con mi camino, saque mi mano derecha del bolsillo del abrigo y mire la hora, para estar seguro de no llegar muy tarde a casa, pero antes de ponerme en pie, vi una silueta muy grande que se acercaba cada vez mas a la banca, así que decidí esperar a ver quien era para luego partir a mi destino. De repente, tal y como apareció, la silueta se convirtió en 4, luego de parar por unos cuantos segundos y de batir los brazos y manos, solo quedo 1, la cual se acercaba a un paso acelerado hacia mí, yo solo la seguía con la mirada ya que me había causado curiosidad que alguien mas aparte de mi estuviese en ese lugar a tan altas horas de la noche. Cuando llego cerca de la banca, me percate que se trataba de una mujer, pero no la pude detallar mucho ya que con el frió que hacia, ella también estaba muy abrigada, intente mirarla a los ojos, pero ella no me correspondió la mirada hasta estar muy cerca de mi. Cuando alzo su mirada para encontrarse con la mia, pareciera como si un fuego infernal me recorriera el alma, y reactivara nuevamente el sentido de vivir, aquellos ojos, eran realmente hipnotizantes, pareciera como su pudieras leer toda la vida de aquella chica en solo un instante, y sin embargo seguir descubriendo cosas maravillosas en un mismo momento. - ¿Me puedo sentar a tu lado?- me pregunto. - Por supuesto – le conteste. En su voz, notaba un tono muy familiar, era una voz dulce, que te hacia viajar alrededor de una nación que no conoces, pero que te agradaría descubrir, y al mismo tiempo su voz se sentía firme y con mucha seguridad, como un actor que ya aprendió su libreto, y sabe lo que pasará a continuación. Ella se sentó a mi lado, y mi mirada se perdió en la inmensidad de la oscuridad nocturna, mientras pensaba en el raro encuentro que sucedía esa noche. - Estos días hemos estado con mucho trabajo, y no he tenido tiempo para descansar, así que antes de ir a mi casa, siempre me siento en esta banca– Me dijo con gran simpatía. - Por mi no hay ningún problema en que me acompañes – Le dije con voz temblorosa, sin saber muy bien que contestarle. - Mi nombre es Linn – me dijo mientras estiraba su mano derecha hacia mi pecho. - AcerCaminger – le conteste, correspondiéndole en el saludo y apretando su mano. - Sabes, en estos días no hay mucha gente que se queda a descansar a estas horas en este parque. - He tenido un día un poco pesado y no quiero llegar temprano a casa – conteste con el animo de seguir la conversación. - Bueno, creo que ya somos dos – me contesto con una pequeña sonrisa en sus labios. Volví, para mirar su rostro, y al ver que se dibujaba con una sonrisa perfecta, yo también le sonreí, y me quede detallando cada parte de su cara por unos segundos, hasta que ella bajo la mirada al suelo apenada y me pregunto: - ¿Por qué te quedas mirándome así? – con una sonrisa, mas bien un poco picara. - Bueno, es que me pareces una chica muy linda – le conteste con el animo de halagarla. - Gracias, no es muy común ver que alguien te diga eso a la primera charla – me contesto un poco sonrojada. - ¿Linn, a que te dedicas? – pregunte con precaución, con el animo de no ser inoportuno. - Canto con mis hermanos – contesto con brillo en sus ojos. - Que interesante profesión –. - Si, lo mejor de cantar es el respaldo que recibes de tus fans. – me contesto mientras su mirada se perdía en el horizonte. - Según como escucho tu voz, creo que debes ser muy buena – aseguré mientras ella volvía al lugar. - Bueno, solo lo intento – contesto, con un tono bajo. - No se, perece que hicieras mas que eso. - ¿y que hay de ti? – me pregunto, cambiando drásticamente el tema. - Estudio sistemas – le conteste rápidamente, ya que me interesaba saber mas de ella. - Tengo algo especial para ti, pero ya nos veremos otro día, y te lo comentare con mas detalles, por ahora me tengo que ir a dormir. – me dijo dejándome con gran intriga. - ¿Te vas tan pronto? – pregunte con la esperanza de recibir una respuesta negativa, pero por desgracia no fue así. - Si, ya esta tarde y tengo que descansar, ya que mañana parece ser un día igualmente largo y pesado. – me respondió mientras se ponía de pie. - ¿Nos veremos de nuevo? – le pregunte mientras me ponía en pie. - Por supuesto, pero todo a su debido tiempo. – me contesto con una seguridad inigualable. En ese momento ella dio un paso hacia mi, colocándose de frente mientras estiraba nuevamente su mano con el animo de despedirse. - Un gusto conocerte AcerCaminger – me dijo mirándome a los ojos. - En realidad el gusto me lo llevo yo Linn – le conteste sin que sonara tonta la respuesta y dándole mi mano. - Te veré mañana. - Dalo por hecho – asegure, asentando con mi cabeza. Y ella soltó mi mano, en ese momento, yo sentía como si le quitaran el tetero a un niño chiquito. La vi partir fijamente y sin parpadear en dirección opuesta a mi camino, hasta que desapareció por completo en la oscuridad, después voltee la mirada a mi sendero, y pareciera como si hubiese tomado vida, la noche me sonreía con un gran sentimiento de aventura, y el frió ya había cesado, mientras en mi mente se repetía una y otra vez la frase: “Que será?”. |
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